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viernes, 15 de abril de 2011

El amor súbito me mata - E. Gilbert en "Comprometida"

[...] Pero a la larga, pase lo que pase, al final acabamos solos. Como no nos quitamos de encima la sensación de abandono, nos pasamos la vida enamorándonos de la persona equivocada, en busca de la unión perfecta. A veces creemos haber hallado a nuestra otra mitad, pero es probable que se trate de alquien a la caza de su otra mitad, alguien convencido de haber encontrado en nosotros su propia compleción.
Así empieza el amor súbito. Y ese tipo de amor es la derivación más peligrosa del deseo. El amor súbito produce lo que los psicólogos llaman "pensamiento intruso": el célebre estado distraído que impide pensar en todo lo que no sea el objeto de la obsesión. Cuando llega ese amor primario, todo lo demás -trabajo, relaciones, responsabilidades, alimentación, sueño, obligaciones- queda en un segundo plano mientras alimentamos nuestras fantasías sobre el ser querido, a menudo reiterativas, incontroladas y omnipresentes. Este tipo de enamoramiento -o encaprichamiento- altera la química cerebral, como si te estuvieras atiborrando de opiáceos y estimulantes. El escáner de un cerebro enamorado muestra los mismos altibajos de humor que un cerebro cocainómano, algo no tan sorprendente, porque el amor primario es una adicción que produce efetos visibles en la mente.Como dice la doctora Helen Fisher, experta en atropología amorosa, un enamoramiento incontrolado, como un yonqui, es capaz de llegar a extremos <<insanos, humillantes y hasta físicamente peligrosos con tal de conseguir droga>>. No hay droga más potente que el comienzo de una relación apasionada. [...] 
La investigación de Fisher también demuestra que somos más propensos al amor cuando estamos pasando por un momento malo o especialemnte sensible. Cuanto más intranquilos y desequilibrados estamos, más posibilidades hay de que nos enamoremos. A la vista de todo ello, el amor empieza a parecer un virus durmiente que que espera agazapado hasta dar con una psicología con el sistema inmunológico debilidado. [...] 
Quien esté pasando por un momento piscológico complicado -debido a la muerte de un pariente o a la pérdida de un empleo, por ejemplo- también es susceptible de enamorarse repentinamente. las personas enfermas, heridas y asustadas también tienen tendencia al amor súbito. [...] 
El problema del amor súbito, obviamente, es que se trata de un espejismo, un trampantojo e, incluso, una alteración del sistema hormonal. El amor súbito no es exactamente lo mismo que el amor; es más bien un turbio primo segundo del amor que siempre nos pide dinero prestado y no consigue tener un trabajo fijo. Cuando te enamoras de alguien no le ves claramente, sino que te dejas engañar por tu propio reflejo, porque estás intoxicado con ese sueño de compleción que has proyectado sobre un completo desconocido. En ese estado, tendemos a decidir sobre nuestro amante cosas totalmente espectaculares que pueden ser verdad o no. En nuestro ser amado percibimos cualidades casi divinas, aunque nuestros familiares y amigos no las vean. [...]
En semejante estado de exaltación no se puede tener una relación normal. [...] Ya no tengo edad para practicar el amor súbito. Me mata. Al final siempre me deja hecha trizas.

E. Gilbert en "Comprometida"

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