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sábado, 27 de agosto de 2011

¿Vamos a ser al final las malas, las peores?

Me gustaría recuperer la opinión de Beatriz Gimeno: "Crear un monstruo para que nos devore". Fue publicado el 1 junio, 2011. Copiado tal cual de su blog:

Con motivo de lo que ha sucedido con las feministas y el movimiento 15 de mayo han surgido muchas cuestiones que habrá que ir analizando poco a poco. Una de las cuestiones más preocupantes es la irrupción del neomachismo que se hace pasar por feminismo, que usurpa nuestro lugar. A cambio, ese neomachismo que se hace llamar “nuevo feminismo” nos empuja a las feministas hacia algo llamado “hembrismo”. Así que finalmente ellas y ellos se apropian del término feminismo y pretenden echarnos fuera. Lo paradógico es que  eso del hembrismo es un término inventado por el propio feminismo o por algunas feministas y parece hacer referencia a una categoría de mujeres que odian a los hombres.
Al parecer este término se inventó para distinguir a estas mujeres de las verdaderas feministas, las que no buscamos la supremacía de las mujeres sino la igualdad. Muchas feministas dicen ahora con orgullo: “somos feministas, no hembristas”. Belén Gopegui hacía referencia a esto mismo en un artículo que escribió en el periódico Diagonal acerca de lo sucedido en la Puerta del Sol y la agresión de que fueron objeto las feministas. Ella explicaba en su artículo que en respuesta a esta agresión, las feministas habían decidido hacer un taller de “Feminismo para principiantes” en el que se explicaba que lo contrario del machismo es el “hembrismo”. Así el término se usa de manera defensiva y explicativa: no somos malas, las malas son las hembristas.  La misma Gopegui decía en su artículo que esta categoría no existe pero que así se explica fácilmente la diferencia entre una ideología igualitaria, el feminismo, y otra que sería su contrario  (aunque no exista), el “hembrismo”.
Porque ¿quién es “hembrista”? ¿Alguien conoce a alguna “hembrista”? ¿Hay un movimiento, una ideología, un pensamiento, una teoría, unos textos…que defienda que los hombres deben ser sometidos a la desigualdad en la que nos hayamos las mujeres? ¿Que deben ser despojados de sus derechos económicos o políticos, que deben cobrar menos, que se merecen ser objeto de violencia por parte de las mujeres; que deben ser recluidos en sus casas, salir del mundo laboral, del espacio público…?  En realidad, una de las grandes cuestiones teóricas en lo que se refiere al feminismo no es definir, ni señalar, ni combatir a las mujeres que odian a los hombres, porque dichas mujeres como categoría no existen. Para mí una de las cuestiones teóricas que más me han intrigado, aunque no venga al caso ahora es la contraria: ¿Por qué las mujeres, a pesar de todo, nunca odiamos a los hombres? ¿Por qué no los odian las mujeres afganas o saudíes, las maltradas, por qué las mujeres son capaces de tomar las armas para defender cualquier causa, excepto la causa de ellas mismas?  Esa es la pregunta que tenemos que contestar y que aclararía mucho de la situación en la que estamos porque diría mucho de la capacidad del patriarcado para inscribirse en nuestros propios cuerpos y mentes. (Ni que decir tiene, espero, que no estoy abogando porque odiemos a los hombres ni porque nos pasemos a la lucha armada,  sino que afirmo que poder contestar a esa pregunta nos permitiría saber mucho de  cómo nos construimos cómo hombres y mujeres, y desde qué lugar nos relacionamos).
El presunto carácter explicativo de “hembrista” vendría  porque al parecer necesitamos un opuesto a “machismo” que no sea “feminismo”. Siempre negamos que feminismo sea lo opuesto a machismo en el sentido de que parece que si el machismo defiende la supremacía de los hombres, su opuesto debería defender la supremacía de las mujeres. No hace falta inventarse un nuevo binario, sobre todo si para ello tenemos que inventarnos una nueva categoría. Creo que no pasa nada por defender que el antifeminismo (en realidad, el machismo) es lo contrario del feminismo si remitimos ambos términos a otro binario: igualdad/desigualdad. Es aquí a donde hay que remitir el par feminismo/antifeminismo (machismo). Tiene la ventaja de que tiene un contenido moral más acusado, en el que la parte buena cae del lado del feminismo. Feminismo/antifeminismo remite siempre y de manera inexorable a Igualdad/desigualdad. Nosotras somos feministas, del lado de la igualdad y los demás antifeministas, del lado de la desigualdad.
Creo que  al inventar,  mantener y defender la categoría inexistente de “hembristas” hemos tratado de crear nosotras mismas una categoría de mujeres malas con el objetivo de poder salir/escapar de otra (hetero)designación creada contra las feministas. Así, cuando el antifeminismo comienza a expandir la especie de que las feministas odian a los hombres (por otra parte muy antigua, nada nuevo) nosotras, en lugar de defender y explicar lo que es el feminismo, miramos detrás nuestro, donde no hay nadie, señalamos y decimos: “no somos nosotras, son ellas, las hembristas”.
Puede que esté equivocada pero  creo que deberíamos repudiar y no dejar que crezca el monstruo del hembrismo. Creo que deberíamos seguir defendiendo el par feminismo/antifeminismo que hace referencia a Igualdad/desigualdad. Sólo este binomio nos permite colocarnos del lado de la igualdad como el lugar en el que queremos estar.  Al crear esta categoría inexistente como defensa ante los ataques de los antifeministas, de los neomachistas,  hemos creado un monstruo y el monstruo, en esta situación de desigualdad en la que estamos, se volverá contra nosotras. Hemos creado una categoría en la que seremos metidas nosotras mismas, feministas. De hecho, ya ha ocurrido. Ahora los neomachistas dicen que los verdaderos feministas son ellos/ellas y que nosotras, feministas, somos hembristas. Ya el otro día un grupo pro SAP nos acusaba a las feministas que estábamos en las plazas con el 15M de ser hembristas, de odiar a los hombres. Y mucha gente estaba de acuerdo.
En realidad era esperable porque si para defender la categoría de feministas nos inventamos a unas mujeres malas para echarlas a ellas la culpa ¿quién sino nosotras, feministas, vamos a ser al final las malas, las peores?

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