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miércoles, 5 de octubre de 2011

Cuadriculas milimetradas

Como cambia el paso del tiempo en las ciudades y según que circunstancias. No son lo mismo siete horas trabajando en Madrid que siete horas sin hacer nada en Barcelona. Hasta que punto somos esclavos de la rutina? Nos pegamos a la pantalla del ordenador o de la televisión sin fijarnos en millones de detalles que ocurren a nuestro alrededor. La vida fluye en los parques, en los árboles en las bibliotecas, en las fachadas de edificios y no nos damos cuenta. Se nos olvida lo importante que es tumbarse a la sombra al aire libre, charlar con desconocidos, comer solo cuando tienes hambre, pasear sin tener nada que hacer, sin rumbo fijo, sin horario, sin depender de nadie.
Llega un punto en esta vida en el que hasta los viajes de placer se convierten en obligación. Depender de un vuelo con un horario y de ver toda la ciudad en un horario cuadriculado es cambiar una rutina por otra. Solo es cambiar de escenario. Parece que el objetivo es mantener la mente ocupada y formar a filas a los sentimientos para mandar a hacer abdominales a aquellos que nos son desobedientes para no sufrir.
Cuando lo mejor es preparar un campamento en el que el tiempo fluya, los pensamientos y sentimientos también. Donde no haya nada preparado, donde no sepas que va a pasar mañana porque no sabes por dónde vas a pasar, con quién vas a hablar ni lo que vas a hacer.
Cuadrículas, somos cuadrículas milimetradas inmersas en una sociedad de consumo y de mal consumo del tiempo en la que dedicamos tiempo al cuerpo pero nada de tiempo al pensamiento. Nos dejamos llevar por las circunstancias, por las obligaciones y por el control de absolutamente todo sin pensar que hay una ventana abierta al paso del tiempo sin segundero en el que el reloj eres tu, y puedes dejar de darle cuerda cuando quieras.

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