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sábado, 1 de octubre de 2011

Princesas y manzanas envenenadas

Os dejo hoy la editorial de la Revista Mirales de octubre. Su autora, María Jesús Méndez. Disfrutad...

<<Esas son las antiprincesas que yo espero que mis hermanas (Valentina, Matilda y Paloma) lleguen a ser. Que con la medida de su pie calcen el zapato que ellas quieran calzar, no el tacón de cristal que otro les imponga por medida>>.
Sumisas y estúpidas. El sino de las princesas de Disney hasta que son rescatadas por sus príncipes. Dentro de las razones por las que no puedo con estas historias están las más profundas, como que desde la infancia refuerzan una y otra vez la heterosexualidad obligatoria que se impone a la sociedad. Y, la más evidente, la imagen de mujer que alimentan, la de ser incompleto que necesita ser protegido, que no puede superar su adversidad sin el amor de un hombre.
No puedo con Cenicienta. Ni con Blancanieves. Me pongo mala cada vez que mis hermanas me piden que les relate estos cuentos. Espero que nunca se parezcan a ellas. Espero que desarrollen herramientas para salvarse a sí mismas, que tengan una intuición fuerte para identificar cuándo están a punto de morder una manzana envenenada. Que sepan decir que no a cualquier tipo de sometimiento. Que mantengan los ojos abiertos siempre, independientemente de si reciben o no el beso que esperan.
Todas éramos princesas. Hasta hace muy pocos años nos movíamos por la historia, dóciles y resignadas, de la mano de nuestros príncipes no siempre tan encantadores, a los que necesitábamos para sobrevivir.
La mujer ha sido, durante siglos, criada para depender del hombre. Hasta hace muy poco tiempo era un ser sometido y domesticado por sus dueños: sus padres y, sobre todo, sus cónyuges. Hasta el siglo pasado no podía estudiar en la universidad y las trabas para trabajar y ganarse la vida eran muchas. Aún, en gran parte, sigue cobrando menos por el mismo trabajo que realizan los varones. En 1975 se eliminó la licencia marital y la obediencia al marido en España. Hasta 1958, en caso de separación (independiente de quién tomara la decisión), era la mujer la que debía abandonar la casa conyugal, la que perdía el dinero, sus bienes y hasta la custodia de sus hijos. Hasta 1963 las condenas de asesinatos de mujeres a manos de sus padres y maridos, “por honor”, eran mínimas, y un violador podía perfectamente eludir la cárcel si su víctima le perdonaba o se casaba con él, puesto que sólo se trababa de un crimen contra la honestidad. Hasta 1970 un padre podía dar a sus hijos en adopción sin que la opinión de la madre contara.
La conquista sobre el propio cuerpo, y sobre la opción de la maternidad, también se hizo esperar. Hasta 1978 no se despenalizaron los anticonceptivos, y en 1985 las mujeres podían abortar bajo tres supuestos. En 1989 la violencia física habitual sobre la pareja se convirtió en delito. Diez años más tarde se sumó la violencia psicológica. Es esta la historia real de las princesas. Las princesas que durante cientos de años han necesitado legal, económica y socialmente a su príncipe azul. Gris o incluso negro, dependiendo del caso y la suerte de cada cual.
La violencia de género, la trata de blancas, la violación, el acoso, los asesinatos de mujeres y todo tipo de violencia sexual siguen estando presentes en la sociedad que, a través de esta vía, somete y desarma a las mujeres. Rebeldes, independientes y conectadas con su corazón. Esas son las antiprincesas que yo espero que mis hermanas (Valentina, Matilda y Paloma) lleguen a ser. Que con la medida de su pie calcen el zapato que ellas quieran calzar, no el tacón de cristal que otro les imponga por medida.
Que no se queden con las felices adaptaciones de Disney. En su versión original, la Sirenita no consigue el amor de su príncipe, pues éste ama a otra mujer. Que aprendan que a veces se gana y otras se pierde. Pero que pase lo que pase pueden ponerse de pie y seguir adelante.
Cuidado con los cuentos que contamos a los niños. Y más cuidado aún con los que nos siguen contando a nosotras. Por más brillantes que parezcan las manzanas, a veces esconden un veneno que es capaz de adormecer a la mujer entera que llevamos dentro, y convertirnos otra vez en princesas. En crédulas, incompletas e indefensas princesas.

5 comentarios:

  1. Pues no lo seas.....! pero deja a quien quiera serlo.

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  2. Que manía con decidir lo que los demás han de querer o dejar de querer ser. La libertad no es eso. Vive como quieras y deja a los demás vivir. Y si hay mujeres que quieren ser princesas, deja que elijan su principado y a su príncipe. Vaya tela!

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  3. Creo que no has entendido nada. No es manía de imponer a las personas lo que quieran ser, se trata de libertad ante todo, para ser lo que quieras ser. El problema es ese, y es lo que denuncia María Jesús en la editorial: la falta de libertad de pensamiento a la que nos vemos sometidas desde pequeñas al imponersenos un modelo de vida (de princesas), relación (heterosexual) y patrón de mujer (no sin mi príncipe azul o de cocinera, como recientemente ha hecho la portada de La Razón: http://kiosko.net/es/2011-10-02/np/larazon.html).
    Todo se resume en la cita del principio: “Que con la medida de su pie calcen el zapato que ellas quieran calzar, no el tacón de cristal que otro les imponga por medida”.
    LIBERTAD PARA CALZAR EL ZAPATO QUE QUIERAS (también el de princesa), pero no IMPUESTO, elegido. Y elegir significa que tienes varias posibilidades o caminos. No uno marcado desde pequeña.

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  4. Tras los dos primeros comentarios saco dos conclusiones; Primero que no han entendido nada y lo segundo, cuanto le queda a esta sociedad por evolucionar.
    Porqué si dejar a los demás ser o hacer "libremente" lo que quieran significa aceptar que desde pequeñas debemos ser sometidas sistemáticamente a una autoprogramación en la
    que se nos implantan conceptos puramente discriminatorios como buen ejemplo de ello da Disney mostrándonos un "rol" de la mujer dependiente,esposa, madre, heterosexual por norma, sumisa, y obediente... Lo siento pero no es libertad o libre elección es condicionar la infancia con estereotipos, creencias, tradiciones y prejuicios que lo único que pretenden es fortalecer las desigualdades ya existentes en nuestra sociedad.
    Y si hay mujeres que quieran ser princesas y elijan su principado y a su príncipe, adelante, sin olvidar que si la elección no es libre y esta condicionada tener la capacidad de elegir no merece la pena.

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  5. Muy bueno Elena. Espero que las niñas de hoy, no tengan que aprender a golpes, ni fracasando, como nos ha pasado a generaciones enteras... Ante todo, mujeres, seres humanos libres para pensar y decidir cual va a ser su vida...besos!!
    Betyks

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