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viernes, 11 de noviembre de 2011

Terrorismo machista y partidos por C. Freixa

Hoy os dejo un artículo de Carme Freixa (Periodista y psicóloga).
El artículo ha sido publicado en El Periódico. Con fecha 11-11-11.
"Ha terminado la lacra de ETA pero aún existe la del machismo, contra la que la justicia no es eficaz."
El terrorismo de ETA se ha terminado, aunque falta mucho para que suceda lo que todos deseamos: entrega de armas y pedir perdón a las víctimas, aunque pueden preverse los plazos viendo la historia del IRA. Pero a la democracia y a los partidos políticos les queda todavía un terrorismo con el que acabar: el terrorismo machista. Esta lacra social se ha cobrado en 43 años de democracia la vida de 2.200 mujeres.
¿Hay estadísticas fiables? Dicen las buenas investigadoras, como Sonia Ruiz, que las tenemos desde hace unos diez años, aunque en tiempos del PP las mujeres que no estaban debidamente casadas se caían de las mismas por muy muertas que estuvieran. Y si eran mujeres prostituidas ni siquiera existían. En el 2003 –con estadísticas oficiales– vemos que mientras la red feminista contabilizaba 90 feminicidios, el Gobierno del PP solo contabilizaba 70. Así que muchas víctimas se han quedado en el camino esperando que se recupere la memoria histórica de la violencia sexista al igual que se ha recuperado la de las víctimas de ETA.

¿Por qué el terrorismo machista ha campado a sus anchas en nuestro país? Porque los actores de la violencia sexista que lo promueven continúan siendo demasiados.
Las estadísticas todavía esconden el horror de este terrorismo puesto que no constan ni las mujeres víctimas con secuelas psíquicas, como el síndrome del estrés postraumático, ni las que mientras son apaleadas se caen por el balcón. Por no hablar de las criaturas que estos terroristas asesinan y de las que no hay todavía datos fiables.
Las actitudes machistas perviven en las filas de los partidos pese a que este país ha tenido el primer presidente feminista de la historia y un Ministerio de Igualdad a semejanza de los países nórdicos. Las hemerotecas nos muestran la impunidad de ediles del PP que acosaron sexualmente a mujeres, algunas menores, como la víctima del alcalde de Toques, que no dimitió. O el denigrante caso de la edila Nevenka Fernández, destrozada psíquicamente porque ningún compañero de su partido la apoyó. La ciudadanía ha contemplado atónita cómo tuvo que irse a vivir a Londres mientras que Ismael Álvarez, su acosador, defendido sin recato por Ana Botella, vuelve nueve años después a la política activa. También hemos visto en las filas socialistas varios casos de terrorismo machista, pero como mínimo no ha habido nadie que haya salido a justificarlos.
Las políticas sexistas, curiosamente siempre se agolpan en las filas de una derecha añorante del franquismo, como Esperanza Aguirre, Botella y similares, que, dedicándose a despreciar y denigrar al tristemente fenecido Ministerio de Igualdad, jalean a quienes creen que la igualdad se reduce a estar siempre prestas a acatar las actitudes machistas como si fueran el orden natural de las cosas. Ellos y ellas, desgraciadamente, se constituyen en actores que desde la política propician el terrorismo machista.
Las religiones son instrumentos de opresión de las mujeres en un espacio público que, si no es laico, no es plenamente democrático porque hay personas –mujeres– que pueden ser víctimas de este terrorismo que aquellas propician al invocar el supuesto orden natural de las cosas. Con instrumentos religiosos como la Conferencia Episcopal y sus voceros mediáticos, cuyo ejemplo más reciente lo encontramos en las declaraciones del arzobispo de Granada, Javier Martínez, justificando que las mujeres que abortan pueden ser violadas.
El neomachismo, movimiento encarnado por los mandefender, tiene como arma principal el desmentido científicamente síndrome de alienación parental (SAP) que ha propiciado que las mujeres víctimas sean incluso acusadas de denuncias falsas. Paloma Marín, magistrada del Consejo General del Poder Judicial, estudió 500 sentencias, de las que solo una resultó falsa.

Tanto Sara Vicente (Comisión contra Malos Tratos), como Montse Fernández-Garrido (Mujeres Juristas) coinciden en señalar el relajo en la aplicación de una ley que, aun habiendo sido aprobada unánimemente en el Parlamento, ha acaparado más recursos de inconstitucionalidad que las demás. Dicen que hoy en la justicia el azar y la suerte tienen un papel mucho más predominante que la ley cuando se juzga el terrorismo sexista. Aún está reciente la sentencia de absolución de un padre que pegaba a su hija discapacitada de 8 años porque le ponía nervioso su enfermedad. El juez consideró que no era necesaria ni una orden de alejamiento porque ya mostraba arrepentimiento al explicarlo.
La nueva arma del terrorismo machista es llamada en los medios judiciales «prueba diabólica» porque es de imposible demostración. Una sentencia del Supremo (2009) dice que la agresión machista «no debe considerarse necesaria y automáticamente como violencia de género porque puede ser una trifulca matrimonial en la que puede haber agresiones mutuas pero no una dominación del hombre sobre la mujer».
La esperanza: el nuevo fiscal delegado de igualdad, los movimientos de hombres feministas y las feministas indignadas del 15-M.

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