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jueves, 8 de diciembre de 2011

Matrimonio entre personas del mismo sexo


Fragmento del libro “Comprometida”, segunda parte de Come Reza y Ama y de la misma autora: Elizabeth Gilbert.

Quiero demostrar cómo ha evolucionado la historia del matrimonio.
Vamos, que no sorprenderá a nadie que dedique un tiempo al tema de las parejas del mismo sexo. Comprendo perfectamente que hay personas a las que este tema les provoca una reacción casi violenta. Un excongresista de Missouri llamado James M. Talent sin duda expresó el sentir de muchos cuando dijo:  “Es una arrogancia pensar que el matrimonio puede ser infinitamente maleable, que se puede estirar de aquí y de allá como un chicle sin destruir su estabilidad esencial y su importancia en nuestra sociedad”.
¿Familia natural? ¿Resistencia cristiana? En fin...
Lo malo de este argumento, sin embargo, es que precisamente lo que ha hecho el matrimonio, histórica y esencialmente, es cambiar. El matrimonio occidental cambia con cada siglo, adaptándose constantemente a los estándares sociales y a los criterios de justicia. Lo bueno precisamente es que sea una institución tan versátil, “como un chicle”,  porque de lo contrario ya no existiría. Muy poca gente – ni siquiera el señor Talent, diría yo - aceptaría hoy un matrimonio al estilo del siglo XIII. Es decir, que si el matrimonio ha sobrevivido es precisamente gracias a haber evolucionado. (A quienes no creen en el progreso no les convencerá este argumento, obviamente).

"Modelnisimo..."
Ya que estamos haciendo confesiones, diré que estoy a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo. El motivo por el que saco el tema es porque me irrita profundamente saber que tengo acceso, gracias al matrimonio, a varios privilegios sociales importantes de los que muchos de mis amigos contribuyentes no disfrutan. Y me irrita aún más pensar que si Felipe y yo hubiéramos sido una pareja del mismo sexo se nos habría caído el pelo en ese incidente del aeropuerto de Dallas. Al Departamento de Seguridad le habría bastado eso para echar a mi pareja del país para siempre, sin esperanza alguna de lograr la libertad condicional mediante el matrimonio. Gracias a mi currículo heterosexual, por tanto, se me permite intentar conseguirle a Felipe un pasaporte estadounidense. Dicho en estos términos, mi futuro matrimonio es un poco como ser socio de un selecto club de campo que me aporta valiosas prestaciones a las que no tienen derecho mis vecinos, igualmente merecedores de ellas. Jamás aceptaré ese tipo de discriminación, que sólo incremente el recelo natural que me produce la institución en si.

Rajoy: "#MatrimonioRealYa" jajaja.
Aún me resisto a entrar a fondo en este debate, aunque sólo sea porque el matrimonio entre personas del mismo sexo es un tema tan candente que casi es demasiado pronto para publicar libros sobre él. Dos semanas antes de que me que me sentara a escribir este párrafo, el estado de Connecticut legalizó el matrimonio del mismo sexo. Una semana después, sucedió lo mismo en California. Mientras estaba revisando este párrafo un mes más tarde, se armó una gorda con el tema en Iowa y Vermont. Poco después, New Hampshire se convirtió en el sexto estado que legalizaba el matrimonio del mismo sexo, así que es probable que todo lo que pueda decir hoy sobre el asunto se haya quedado anticuado el martes por la tarde [que le pregunté a Rajoy, que tiene el tema calentito y candente].

Parece obvio que los conservadores seguirán oponiéndose al matrimonio homosexual aduciendo que su fin último es la procreación, pero las parejas infértiles, sin hijos y posmenopáusicas se casan sin parar y nadie protesta. Y en cuanto a la idea de que el matrimonio entre personas del mismo sexo acabará corrompiendo a la sociedad nadie ha sido capaz de demostrarlo legalmente. En cambio, centenares de organizaciones científicas y sociales han apoyado públicamente tanto el matrimonio como la adopción gay.
¿Dónde quedó el "amaros los unos a los otros"?
Ante todo el matrimonio es un asunto laico, no religioso. La objeción al matrimonio entre personas del mismo sexo es casi invariablemente bíblica, pero los votos matrimoniales no se pueden definir mediante la interpretación bíblica. Una boda religiosa es una ceremonia bonita, pero ni se requiere para que el matrimonio sea legal en EEUU, ni constituye el matrimonio legal en EEUU. Lo que rubrica un matrimonio en este país es ese codiciado papel que tu y tu pareja debéis firmar para que quede constancia en los archivos estatales. Es posible que desde un punto de vista ético muchos opinen que la validez del matrimonio depende de Dios, pero lo que le da la validez terrenal es el papeleo cívico y laico.

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