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jueves, 15 de diciembre de 2011

Me duele España

El artículo se llama "Duelo". Escrito por Marta Aparicio el 14/12/2011 para ÁgoraQuince

De espaldas a la tele, pero atenta, participo pasivamente en el circo mediático del 20N. Ya de frente hago lo mismo el día 21. Malos tiempos para la lírica, malos para la tensión arterial, malos para los ilusos que sueñan con un mundo distinto, donde la inteligencia, el conocimiento y la equidad desbanquen a la zoquetería, el mimetismo y el abuso sistemático.
Mi amigo de adolescencia me escribe, entristecido: “creo que el siglo XXI todavía no ha comenzado, y únicamente asistimos a las últimas boqueadas del siglo XX, eso sí, pretendiendo ser tremendamente novedosas cuando lo que a mí me parece es que tan sólo son los movimientos espasmódicos del final de una era. O dicho de otro modo: Desde mi ventana veo algo así como el ocaso de occidente y de la democracia occidental”.
Mi prima clama y  reclama desde Italia y a través del Facebook una ayuda para entender cómo con los mismos x votos pueden salir x+2 diputados en un lugar de España y x-1 en otro.  Nadie atiende su demanda, porque es difícil contestar a esto sin indignarse más y más.
No me duele el tremendo golpazo en todo el plexo solar que se ha llevado el PSOE, más bien me alegra porque si con esto no cortan de raíz la podredumbre institucionalizada, mejor que pasen al amargo olvido.
Me duele España, mucho, me duelen todos y cada uno de mis compatriotas. Me duele el empobrecimiento neuronal al que nos han abocado los unos y los otros. Me duele esta Europa incapaz. Me duele esta guerra sin armas con que los mercados y algunos fanatismos de sotana ocupan y colonizan ya no sólo país y paisaje, también el paisanaje.
Y me digo a mí misma que ahora, más que nunca, hay razones para seguir gritando que NO NOS REPRESENTAN, ni podrán representarnos  mientras una mayoría rodillo que no precisará consultar ni debatir con nadie más, se resuelva con un 30% de los votantes censados, exactamente con 10.830.693 votos, mientras que 9.710.775 españoles no eligieron representante alguno. ¿No es de locos?
Sobre todo, me digo, no habrá solución posible si no pasa por la educación ciudadana y la información en libertad y esto, a mis 15 con cincuenta, resulta una utopía que abrazo, aunque no llegue a verla.
Mi amigo de adolescencia me escribe, entristecido: “creo que el siglo XXI todavía no ha comenzado, y únicamente asistimos a las últimas boqueadas del siglo XX, eso sí, pretendiendo ser tremendamente novedosas cuando lo que a mí me parece es que tan sólo son los movimientos espasmódicos del final de una era. O dicho de otro modo: Desde mi ventana veo algo así como el ocaso de occidente y de la democracia occidental”.
Mi prima clama y  reclama desde Italia y a través del Facebook una ayuda para entender cómo con los mismos x votos pueden salir x+2 diputados en un lugar de España y x-1 en otro.  Nadie atiende su demanda, porque es difícil contestar a esto sin indignarse más y más.
No me duele el tremendo golpazo en todo el plexo solar que se ha llevado el PSOE, más bien me alegra porque si con esto no cortan de raíz la podredumbre institucionalizada, mejor que pasen al amargo olvido.
Me duele España, mucho, me duelen todos y cada uno de mis compatriotas. Me duele el empobrecimiento neuronal al que nos han abocado los unos y los otros. Me duele esta Europa incapaz. Me duele esta guerra sin armas con que los mercados y algunos fanatismos de sotana ocupan y colonizan ya no sólo país y paisaje, también el paisanaje.
Y me digo a mí misma que ahora, más que nunca, hay razones para seguir gritando que NO NOS REPRESENTAN, ni podrán representarnos  mientras una mayoría rodillo que no precisará consultar ni debatir con nadie más, se resuelva con un 30% de los votantes censados, exactamente con 10.830.693 votos, mientras que 9.710.775 españoles no eligieron representante alguno. ¿No es de locos?
Sobre todo, me digo, no habrá solución posible si no pasa por la educación ciudadana y la información en libertad y esto, a mis 15 con cincuenta, resulta una utopía que abrazo, aunque no llegue a verla.

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