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miércoles, 18 de abril de 2012

Ser homosexual se paga con una muerte atroz en la Bagdad «liberada»

FUENTE: Gara.
AUTOR: Andoni BERRIOTXOA. Bagdad
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Desde la invasión de EEUU, la comunidad homosexual iraquí vive una eterna Noche de los Cristales Rotos. Amenazados públicamente y perseguidos de manera extraoficial, los gays y lesbianas iraquíes viven una pesadilla de la que solo pueden escapar escondiéndose en «casas refugio» o abandonando el país. 
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Madi se esconde. No se arrepiente de lo que es pero vive atemorizada. Es una de las activistas lesbianas amenazadas por las milicias de Moqtada al-Sadr. Con su foto en todos los checkpoints de la capital, arriesgarse a andar por sus calles significaría en el mejor de los casos una detención. En el peor, la muerte.
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GARA la entrevista en una «casa refugio» a las afueras de Bagdad. Con un nombre ficticio, nos pide que su cara no pueda ser identificada y su voz sea distorsionada en caso de utilizarlq en internet. «Podrían tomar represalias contra mi y contra los que me están ayudando» aclara Madi desde la oscura habitación donde apenas ve el cielo.
Las fatwas (interpretaciones de las leyes islámicas) que lanzan los imanes del país (de credo chií) ponen en el punto de mira a la vulnerable e indefensa comunidad gay. «Desde la aparición de la fatwa de Ali Sistani, en la que acusa a los homosexuales de ser inmorales a los ojos de Dios, las muertes vienen sucediéndose día tras día. Esa fatwa dice que se debe acabar con nosotros de la manera más brutal posible»..
Las calles periféricas de la capital son territorio enemigo para ellas y ellos. Solo en Sadr City, desde que comenzó el año hasta mediados de marzo, se descubrieron más de 40 cadáveres. Todos con signos de tortura.
Muchos son quemados vivos lentamente, empezando por las extremidades para que la víctima no pierda la consciencia rápidamente. A otros los cortan en pedazos mientras están aún vivos y conscientes. La mayoría de las veces se les remata con el famoso «golpe de piedra». Consiste en apoyar la boca del apresado contra la acera y soltarle una piedra contundente en la cabeza, aplastándole así la cara contra el suelo. El cadáver es abandonado entonces en la mitad de la calle, como advertencia para otros homosexuales de la zona.

Reventados por dentro
«Colegas míos me han dicho que muchos de ellos llegan al depósito de cadáveres con el ano pegado con pegamento Loctite. Les revientan por dentro. Al hacerles esto se les da de comer y de beber durante unos días hasta que los intestinos explotan y se envenenan con sus propias heces. Es una muerte lenta y dolorosa», asegura el doctor de Samarra Saad Akhram. «Muchas veces cuando se avisa a los familiares de que su hijo, hermano, sobrino... ha aparecido muerto en tal o cual sitio ni siquiera recogen el cadáver».
«Las familias tienen miedo. Saben que si aparecen en el hospital las milicias tomarán represalias contra ellos» asegura Madi. El partido en el poder, al-Dawa. matiza. Saad al-Mutallibi asegura que «muchas veces las familias tienen vergüenza de sus propios hijos y por eso no van a recogerlo. Ser homosexual en Irak es un crimen social y político y en muchos casos una vergüenza para la familia por el estigma social que supone», declara. «Persisten todavía viejas creencias en el país y luchar contra ellas llevará tiempo».
Un equipo de médicos de Samarra insiste. «Si llega un cuerpo a la morgue con según que tipo de torturas, sabemos que ha sido ajusticiado por su condición sexual. No se levanta ninguna investigación oficial, no se nos piden informes y la Policía presiona para que no preguntemos ni respondamos las cuestiones de los pocos familiares que vienen a recoger el cadáver para darle una sepultura digna». Madi reconoce que «son muchas veces las familias las que matan a sus propios parientes, son considerados ejecuciones por honor. Nunca son investigados, pero más de 1.000 personas han sido asesinadas por su condición sexual desde la invasión de EEUU en 2003».
Hay veces en que el dedo acusador llega en forma de cartel pegado en las calles. Caminando por Sadr City uno se puede encontrar con papeles en las paredes que bajo dos pistolas y una amenaza clara «contra los inmorales» incluyen una lista de nombres y la dirección de sus viviendas. Y la leyenda: «Si los encuentras, mátalos».

«Vivimos bajo la dictadura de un gobierno de milicias»
Rubi es un joven homosexual. Escudado en un nombre ficticio, pide igualmente garantías de que no podrá ser identificado. Denuncia que en marzo fueron asesinados tres amigos suyos.
«No es solo que maten a homosexuales. Si vistes como ellos te consideran inmoral, te pueden matar, les da igual si eres homosexual o no. Hay una creencia extendida de que los que visten camisetas negras tipo heavy metal, llevan piercings, o pendientes en la nariz adoran al diablo».
Human Right Watch (HRW) denunciaba ya en un informe en el año 2009 esta dramática situación y advertía de que la campaña de asesinatos de gays y lesbianas en Irak se ha extendido también a los «emos» y/o «góticos», personas que no visten «decentemente» según las leyes islámicas o según las fatwas lanzadas por los imanes. Llevar un pendiente en la nariz, maquillarse los ojos, o vestir camisetas con logotipos de grupos musicales de heavy metal puede ser mortal.
Rudi es tajante al señalar al mayor culpable de estos crímenes. «Vivimos bajo la dictadura de un gobierno milicia. Actúa como las otras milicias, que campan a sus anchas por el país», denuncia en la que coincide con HRW.
El Gobierno de al-Maliki mira para otro lado. Ningún informe de la justicia iraquí acusa a las milicias de estar detrás de estos asesinatos. Ningún castigado por cometer estos crímenes está en la cárcel. Ningún clérigo chií ha sido acusado por ordenar los asesinatos de homosexuales. A los homosexuales de Irak solo les queda escapar de todo y de todos. Refugiarse y comenzar una nueva vida, en un refugio o en otro país.
El problema, como recuerda HRW, es que «muchos iraquíes han buscado seguridad en los países vecinos, pero esos países no son un refugio». La conducta homosexual consensual está penalizada en la mayor parte de ellos y los prejuicios por razón de orientación sexual e identidad de género persisten».
Rudi es consciente de ello. «Hago un llamamiento desesperado a naciones como Estados Unidos, Dinamarca o Noruega, para que acepten refugiados homosexuales. Nos están matando impunemente».

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