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martes, 10 de abril de 2012

Soy Quien Quiero Ser por @Slex_b_eche

Hoy os dejo con el artículo original de @Slex_b_eche publicado en Espacio Lesbia.
Me ha encantado. Si todxs tuviéramos la misma indignación, conseguiríamos cambiar algo este Mundo...
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"Porque nadie tiene que tolerarme por ser como soy, solo tienen que quererme por ello".
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Después de varios días de desconexión del mundo real, retomo la actualidad a través de las redes sociales de las que, confieso, me alimento indiscriminadamente.
Veo un artículo de Mario Vargas Llosa (señor que me cae como una patada en la boca, gran escritor y mejor persona, seguramente, pero no me cae, confieso de nuevo) que ha corrido como la pólvora y siento como mi corazón se agrieta.
Sigo “leyendo” y mis ojos tropiezan con otra perla. Nueva grieta.
Aun así, continúo, con la vana esperanza de descubrir la rosa entre los escombros. Nada más lejos. Me encuentro con un capullo: Juan Antonio Reig Pla que, en un país laico como este en el que ¿vivimos?, hace uso de la televisión pública para arremeter contra todo lo que se sale de los cánones que la santa madre iglesia apostólica y romana considera correcto.
No sigo.
Mi corazón no puede ya con más.
Mi indignación y mi pena pugnan por reventarme la garganta, así que opto por escribir, que no son horas de ponerme a despotricar de viva voz.
Y me quejo. Alto y claro. De la mierda de sociedad (global) en la que sobrevivimos. Y me doy cuenta de que no tengo derecho a quejarme, porque vivo en la parte “buena” del mundo, en un país en el que (de momento) puedo casarme con la persona a la que amo, se llame Pepe o Pepa.
Pero me quejo, porque viviendo en esta parte, veo que multitud de personas a mi alrededor siguen sobreviviendo en vez de vivir. Porque las mujeres como colectivo, las lesbianas como integrante de él, preferimos (la inmensa mayoría al menos) ir a nuestra bola, ser discretas, no levantar ampollas, permanecer en las sombras confortables en lugar de dar la cara, no sea que nos la rompan.
Y me quejo, ya no de la sociedad en la que sobrevivo, si no de las personas que componemos esta sociedad, de las mujeres que somos más de la mitad de ella y seguimos criando hijxs racistas, homófobxs, intransigentes con la diferencia.
Y me quejo de que muchas de mis amigas siguen en el armario porque para qué van a incomodar a sus familias.
Y me quejo de que otras muchas siguen corriendo de arriba a abajo para “conciliar” sus trabajos con sus papeles de madres porque sus parejas no les echan una mano.
Podría quejarme durante varios días; quedarme sin voz, sin huellas dactilares aporreando como estoy este teclado que me sufre.
Porque me indigna. Me indigna mi propia indiferencia, mi comodidad, mi baldosa confortable. Me indigna y me cabrea seguir consintiendo que me discriminen por ser mujer, que me toleren por ser lesbiana, que me miren por amar a alguien de mi mismo sexo, que me de igual todo esto la mayor parte del tiempo.
Hasta que llega un día como hoy, en el que la realidad me va abofeteando las mejillas alternativamente. Y me hierve la sangre recordando a las mujeres que se callan, que soportan, que permiten. Y a los hombres que hablan, que someten, que se ríen.
Que tan culpable soy yo como tú. Que veo que me miras por ir con mi chica de la mano y te ignoro en lugar de ponerte en evidencia. Que oigo comentar “¿para qué?” y no te explico los diezmil paraqués que son tan necesarios. Que evito la pelea cuando es el único lenguaje que muchxs entienden. Que me desespero y me doy por vencida en lugar de seguir trabajando por las cosas que creo.
Soy más culpable yo que tú, ahora que me leo. Porque yo lo veo claro, veo la solución y no la expongo abiertamente. Porque me he cansado de luchar cuando la lucha nunca ha sido mi camino.
Así que a ti, que eres compañerx en esta culpabilidad, te conmino a dejar de ser indiferente. A mostrar tu indignación, a abrir las puertas y las ventanas de esta sociedad vetusta que ni ve ni siente ni padece porque las personas que la componemos hemos dejado de hacerlo para conformarnos.
Te conmino a que seas quien quieres ser. A que defiendas aquello en lo que crees. A que sepas que eres exactamente igual que aquel y aquella que sonríen cuando te ven pasar.
Porque somos mujeres y elegimos en su día el camino de la paciencia, de la compasión, de la prudencia y se aprovecharon. Porque somos lesbianas y preferimos pasar desapercibidas y nos ningunearon. Porque si seguimos callando, nos hacemos más débiles. Porque si seguimos consintiendo, les hacemos más fuertes. Porque nadie tiene que decirme cómo tengo que vivir mi vida. Porque soy libre de cometer mis propios errores y de aprender de ellos. Porque no necesito dar explicaciones, simplemente tengo que dejar de ocultar la verdad. Porque nadie tiene que tolerarme por ser como soy, solo tienen que quererme por ello. Y a ti también.
Porque Soy Quien Quiero Ser y me enorgullezco.
Sé feliz.

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