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jueves, 3 de enero de 2013

Fragmentos del libro "El Marica"

Os dejo con unos fragmentos de el libro El Marica, de Carmelo Di Fazio, en los cuales podemos ver la crítica a la crueldad de la época narrada en el libro (la Guerra Civil). Son fragmentos que he querido destacar por su dureza contra el Régimen de Franco, la Iglesia, el machismo y la homofobia:

  • A este hijo de puta lo guardé para el final; quiero que todos sepan que, además de traidor a la patria, conspirador y anarquista, le acuso de amoral, de sucio; le acuso de ser marica, de no tener perdón de Dios por ceder a los placeres impúdicos de la carne. Sí, de ser un simple y asqueroso marica; por eso vale menos que una rata, razón suficiente para morir...
  • Era mejor enterrarle en un sitio identificado que dejarle en manos de los nacionalistas, que lo echarían sin contemplaciones en una fosa común. Eso mismo pensó "El Marica". Total, su amor ya está lejos de este podrido mundo rumbo a la paz eterna, camino a la luz, a la libertad.
  • El peor error del ser humano vive en la sumisión, en dejar morir los sueños.
  • Optó entonces por el segundo dominio, tal vez peligrosamente sutil, homólogo de sus utópicos principios reservado solo a ilustres personas con potestad de mando, incapaces de accionar un fusil pero responsables de muchos genocidios en nombre de una cruz por la cual derriten almas , corazones y esperanzas de cambio de un diezmo exponencial en procura del siempre bien ponderado perdón celestial.
  • Hoy entendió que el dolor, tiene en ocasiones la triste función de juez ante nuestros actos más cobardes.
  • Los únicos maricas que el recordaba en toda su existencia estaban a varios metros bajo tierra, pisoteados por el odio de la discriminación durante la Guerra Civil.
  • Dios nos regaló la vida, la fe, la esperanza, el futuro... Entonces el Diablo nos regaló el Comunismo.
  • La acusación no prosperó porque, además de su talento innato, el cadete ostentaba el amparo de su apellido y abolengo, credenciales que en todo campo profesional pueden, en ciertos momentos, opacar el lado oscuro o falta de nivel profesional, incluso en la propia familia real.
  • El hombre de la casa dedica la mayor parte de su trabajo al sustento de la familia. Pero debes recordar que las mujeres son como niños, ingenuas que jamás maduran. También suelen ser enemigos peligrosos, vengativos. Vienen al mundo con el don de la manipulación; saben usar todas las armas posibles a la hora de reaccionar frente a un sentimiento que consideren negativo.
  • ¿Sabes qué es pecado? Rechazar la felicidad, tenerle miedo infundado al amor verdadero. Hemos venido a este mundo para ser felices. No podemos limitar nuestra dicha ni muchos menos escudarnos en el conformismo, en la comodidad material que al final termina secando nuestra felicidad. El amor es puro es esencia de luz. Por él se vive, se muere , se gestan guerras, se conquistan imperios; porque es majestosos, sublime, es energía de la buena. Si no disfrutamos de él, morimos de tristeza, de insatisfacción forzada, sobretodo cuando dejamos ir al sentir verdadero, al amor bonito, y su recuerdo melancólico solo nos demuestra lo miserable que es nuestra existencia por haber sido cobardes.
  • Los esfuerzos por destruir al contrincante más odiado habían madurado. La paciencia, ese preciad don en la mente del hombre de fe, estaba a punto de devolverle un gran favor. La constancia tenía un sólo sello; el cobro por la sangre derramada sin razón. La meta estaba cerca, no había motivos para desesperarse.
  • Tener amantes estaba casi que permitido por la doble moral de la sociedad.
  • La verdad nunca muere; casualmente tarda en asomar.

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