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miércoles, 13 de febrero de 2013

Cambiar las reglas del juego


Por Nuria Vallés Peris
Artículo publicado en El Periódico de Cataluña

Las nuevas tecnologías y las redes sociales son un nuevo escenario de situaciones de violencia entre los y las jóvenes. ¿Qué esperábamos, si no? Vivimos en una sociedad sexista. Una sociedad que prefiere deleitarse con discursos alarmistas y en señalar víctimas y verdugos en lugar de cambiar las reglas del juego.

La división entre sexos es uno de los fundamentos de organización y construcción social y, consecuentemente, también un eje primordial para entender las relaciones de poder. Desde antes de nacer nuestro sexo (macho / hembra) condiciona cómo los demás se relacionan con nosotros, qué expectativas nos proyectan, qué compor tamientos nos atribuyen... Así van pasando los días y nuestros bebés se convierten en adolescentes completamente sexuados, llenos de hormonas pero también de estereotipos. ¿Y con qué nos encontramos en la adolescencia?

Pues nos encontramos con unas personitas llenas de incertidumbres que necesitan reafirmar su identidad, haciendo de chicos bien masculinos y de chicas bien femeninas (con algunas excepciones, por suerte), reproduciendo, incluso caricaturizando, todo lo que les hemos enseñado hasta la saciedad desde que nacieron. Debemos continuar trabajando en los mecanismos para detectar, intervenir y resolver las situaciones de violencia entre los y las jóvenes, sobre esto no hay discusión. Pero no nos confundamos.

Internet, los teléfonos móviles, los chats y las redes sociales conforman nuevos espacios de comunicación y han generado nuevas formas de relación, pero son el continente, no el contenido. La educación en el uso responsable y adecuado de internet, los teléfonos móviles, etcétera es un reto y una responsabilidad que no podemos eludir. Pero esta no es la única cuestión. Vivimos en una sociedad sexista donde existe la violencia, con o sin nuevas tecnologías. Tenemos que coger el toro por los cuernos y decir las cosas por su nombre. Las campañas de prevención tipo tolerancia cero o dispositivos de información y asesoramiento para detectar futuribles casos de violencia de género no han funcionado. Se han hecho muchas campañas, con muchos recursos y muy buena voluntad, pero la violencia de género no ha desaparecido.

Quizá podríamos empezar a pensar en cambiar las reglas del juego, en cuestionarnos de verdad la construcción de los estereotipos asociados a los sexos. Las mujeres son empáticas, cariñosas, con una gran capacidad para el lenguaje y la comunicación y los hombres son activos, fuertes, valientes, van al grano y no pierden el tiempo en conflictos emocionales ni sensibilidad. Mentira. Construimos las niñas en mujeres femeninas y los niños en hombres masculinos y todos son víctimas. Los encorsetamos en relaciones desiguales en que unos tienen que hacer de poderosos, listos y fuertes y las otras, de dulces, bonitas y espabiladas, y esto es doloroso para ambas partes. Esto es el sexismo, y este es el germen de la violencia entre los sexos.


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